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Angelus…

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Gracias…

Gracias obtenidas por asistir a la Santa Misa

1. La Misa es la continuación del Calvario.
2. Cada Misa vale tanto como la vida, sufrimientos y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecidos en sacrificio.
3. La Santa Misa es el acto de desagravio más poderoso para expiar los pecados.
4. A la hora de la muerte, el consuelo más grande del alma consistirá de las Misas oídas en vida.
5. Cada Misa bien oída nos acompañará hasta el Tribunal Divino, suplicando perdón.
6. En la Santa Misa, según el fervor con que se asiste, se puede disminuir en grado mayor o menor, la pena temporal debida por los pecados.
7. Al asistir devotamente a la Santa Misa, se rinde el más grande homenaje a la Sagrada Humanidad de Nuestro Señor.
8. En la Santa Misa, Nuestro Señor Jesucristo ofrece expiación y desagravio por muchas omisiones y negligencias nuestras.
9. En la Santa Misa, Jesucristo perdona los pecados veniales que todavía no se han confesado. Además se disminuye el poder de Satanás sobre el alma.
10. Al asistir a la Santa Misa se proporciona a las almas del Purgatorio, el alivio más grande que sea posible.
11. Una Misa bien oída durante la vida, será de más provecho al alma, que muchas que se ofrecieran para su reposo después de la muerte.
12. Por asistir a Misa, el alma se preserva de peligros, desgracias y de calamidades, que de otro modo hubieran sucedido. Además, se abrevia o reduce la duración de su Purgatorio.
13. Cada Misa bien oída obtiene para el alma un grado más elevado de gloria en el Cielo.
14. En la Misa se recibe la bendición del sacerdote que Nuestro Señor ratifica en el Cielo.
15. En la Misa se arrodilla entre una multitud de los santos ángeles, que están presentes en actitud de profunda reverencia, durante el sacrificio adorable de la Santa Eucaristía.
16. En la Santa Misa se reciben bendiciones para todos los bienes y empresas temporales.tres-cruces

Misa…

La Misa es el mismo Sacrificio que Jesús cumplió en el monte Calvario, que se renueva misteriosamente y de modo incruento, es decir, sin derramamiento de sangre, cada vez que se celebra por el sacerdote, que durante la consagración es el mismo Cristo que se hace presente para convertir el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre.
Hay que estar atentos porque últimamente hay una corriente dentro de la misma Iglesia Católica, que tiende a minimizar o anular el valor de sacrificio y a dar más importancia al valor de la Cena del Señor.
Decimos que hay que estar atentos porque justamente esto es lo que hará el Anticristo, ya que acogiendo la doctrina protestante se dirá que la Misa no es un sacrificio sino solo la sagrada cena, y así se dejará de celebrar la Santa Misa, y esto durará unos tres años y medio, que es el tiempo en el que Impío gobernará el mundo.
A juzgar por cómo van las cosas, pareciera que no estamos lejos de estos acontecimientos, porque la desacralización ha entrado en el santo templo de Dios, y muchas Misas se celebran a las apuradas y con poca o nada devoción y atención, ya sea por los sacerdotes celebrantes, como por los fieles.
Recordemos que la Misa es el Calvario, y cada vez que asistimos a ella, estamos presentes al drama del Gólgota y consolamos a Jesús que vuelve a morir abandonado de los hombres y consolado solo por un puñado de mujeres, su Madre, Juan, los pastores y algunos pocos más, y entre ellos estamos también nosotros que participamos de la Misa.
Por eso el que no va a Misa al menos el día domingo, día en que Jesús resucitó, comete un pecado grave porque falta al amor, ya que desprecia y deja solo a Jesús en la crucifixión y muerte que es la Santa Misa.

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Enfermedad…

Después de una enfermedad.

Después que nos curamos de una enfermedad, aunque sea una simple gripe, tenemos que hacer el propósito de emplear mejor el tiempo de vida que nos queda por delante.
Porque a veces estamos tan preocupados por algunas cosas sin importancia, que cuando caemos enfermos nos damos cuenta de lo importante que era la salud y el tiempo que Dios nos había concedido para hacer el bien. Y entonces lamentamos que estamos enfermos y quisiéramos estar bien para poder empezar de nuevo.
Y a veces el Señor nos concede recuperar la salud, y es en ese momento en que debemos dar gracias a Dios y hacer el propósito de emplear mejor el tiempo que nos queda por delante.
Porque habrá una enfermedad, la última, de la que no surgiremos. Por eso si Dios nos devuelve la salud, aprovechemos el tiempo para ser buenos y hacer el bien, porque es un gran regalo de Dios el que estemos sanos y bien. Dios nos da una nueva oportunidad, no la desaprovechemos.
A veces estos sacudones que nos da la vida, nos hacen recapacitar y valorar qué es lo importante, y qué no lo es. ¡Cuántas veces nos preocupamos por nimiedades y dejamos pasar el tiempo en balde, o lo que es peor, lo utilizamos para pecar, o simplemente dejamos escapar el tiempo de vida, que es un tiempo valiosísimo que no volverá!
Aprendamos de la vida, y cuando caigamos enfermos, meditemos la importancia de aprovechar el tiempo si tenemos la gracia de mejorar. Pero tampoco desaprovechemos el tiempo de estar enfermos, pues el Cielo se gana con el sacrificio, y quien padece su enfermedad con paciencia, gana muchos méritos y ayuda a la salvación de las almas, comenzando por su propia alma.
Tomemos el ejemplo de Cristo que sacaba enseñanzas de las cosas comunes que suceden en la vida y de la naturaleza. También nosotros debemos aprender a sacar enseñanzas de cada cosa que nos ocurre, y de todo cuanto nos rodea, porque Dios nos sigue hablando a través de las cosas y los acontecimientos.
No hacen falta muchos libros para ser sabios, sino que con sólo el Santo Evangelio y lo que cada día vamos viviendo, ya tenemos para meditar mucho y alcanzar la Sabiduría. Meditemos en ello.

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Confianza…

La confianza en Dios.

Cuando más confiemos en Dios, tanto más recibiremos de Él. Porque la desconfianza en Dios, ata las manos al Señor, que no puede obrar en nosotros, en quienes amamos, y en todos nuestros asuntos.
La confianza en Dios lo es todo, porque si sabemos que Dios es todopoderoso y que para Él no hay nada imposible, entonces nos debemos dar cuenta de que es por nuestra poca confianza en Él y en su Divina Providencia, que no recibimos tanto de Dios, o recibimos tan poco.
Pero es fácil confiar cuando las cosas van relativamente bien. Lo difícil es confiar en Dios cuando aparentemente todo se pone negro y no se vislumbra la solución. Es ahí donde las insinuaciones del Maligno se hacen más fuertes y malvadas, queriendo inducirnos a maldecir, a odiar a Dios, acusándolo de todos los males que padecemos, y así alejarnos para siempre del Señor.
¿Qué debemos hacer ante esta situación? Confiar, confiar, confiar en Dios ciegamente, incluso a pesar de las evidencias y apariencias, aunque todo parezca perdido, hay que confiar hasta el punto de parecer tontos, porque Dios todo lo puede, y en un abrir y cerrar de ojos puede cambiar nuestra suerte, y la suerte de quienes amamos y de todo el mundo.
Nos falta confianza, la confianza de los humildes, de los que todo lo esperan del Señor, de los que saben que Dios es infinitamente bueno, y que todo lo que quiere o permite, siempre será para un bien.
Y recordemos que esta vida no es lo único, sino que es una preparación para lo que será la Vida con mayúscula, el Cielo, y que todo lo que hacemos y sufrimos en este mundo nos obtiene un peso de gloria inmenso.
Cuántos hay que en el más allá están ahora bendiciendo la vida llena de sufrimientos y contrariedades que pasaron en la tierra, pero que ahora les ha merecido una bienaventurada eternidad, con una felicidad imposible de narrar.
Y en cambio cuántos hay ahora, en lo profundo del infierno, que maldicen toda su vida tranquila y sin sobresaltos que tuvieron en la tierra, y que les hizo olvidar que no estaban hechos para el placer y el pecado, sino para ganar el Paraíso, y ahora están ardiendo para siempre en el abismo infernal.
Por eso tengamos esta perspectiva cuando miramos las cosas, la perspectiva de la eternidad, porque no termina todo en este mundo, sino que cuando parece que todo termina con la muerte, en realidad es cuando todo comienza.
Pensemos en estas cosas y confiemos ciegamente en Dios, pase lo que pase, contra toda esperanza, ¡confiemos en Dios!

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Volver…

Vuelve a empezar

No mirar hacia atrás.

La esposa de Lot, por curiosidad para ver los castigos sobre Sodoma, miró hacia atrás, e inmediatamente se convirtió en estatua de sal. Éste es un aviso que nos da el Señor, que también nos ha dicho en el Santo Evangelio que quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.

¡Cuántas veces el pasado, el recuerdo de cosas pasadas, nos atrofian para vivir bien el presente! Como si de alguna manera pudiéramos corregir algo del pasado. ¿Acaso creemos por ventura que podemos cambiar algo de lo que ya fue? Entonces, ya que no podemos, dejémoslo en las manos de Dios y lancémonos hacia adelante, con todas nuestras fuerzas, en la situación que nos encontremos, que Dios nos proveerá de lo necesario y nuestra cruz se hará llevadera, y quizás, cuando menos lo pensemos, tal vez el Señor nos la quite del todo o en gran parte.

Ya el Señor nos ha dicho que su yugo es llevadero y su carga liviana, pero nosotros lo hacemos más pesado de lo que es, con todas nuestras preocupaciones que nos amargan la existencia. Y no sólo nos amargamos nosotros, sino que de rebote hacemos amargar a los demás y causamos dolor.

Hagamos lo posible por empezar de nuevo. Como decían un dicho popular: “Borrón y cuenta nueva”. No es fácil hacerlo. Es fácil decirlo, pero tenemos que empeñarnos en comenzar a practicarlo hoy mismo, ya mismo, y ser felices, porque cuando empecemos a practicar esto de mirar sólo hacia adelante, entonces estaremos contentos, sabiendo que Dios nos cuida.

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Angelus…