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La Caridad…

Mensaje espiritual 

La caridad. 

“Sería un error pensar que en el juicio final se nos examinará exclusivamente sobre la práctica de las obras de caridad. Es cosa clara e indiscutible, que tanto en nuestro juicio particular, como en el juicio universal, se nos juzgará acerca de todo el conjunto de la Ley de Dios, sin excluir ninguno de sus mandamientos. Pero no olvidemos que, en cierta ocasión, los escribas y fariseos preguntaron al mismo Cristo: “Maestro, dinos: ¿Cuál es el primero y más importante de los preceptos de la Ley? Y Jesucristo contestó, sin vacilar: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo, semejante a éste, es: Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos dos preceptos penden toda la ley y los profetas” (Mt 22, 35-40).

Con esta respuesta, Cristo quiso poner de manifiesto que, ante todo y sobre todo, la ley evangélica es una ley de caridad. Por eso aludirá a ella especialísimamente en la fórmula del juicio universal. Se nos examinará, sin duda alguna, de toda la ley y los profetas; pero, ante todo, y sobre todo, de la caridad, que es su resumen y compendio.

Se nos preguntará, principalmente, si hemos dado de comer al hambriento y de beber al sediento; si hemos visitado a los enfermos y presos; si hemos vestido al desnudo y hospedado a los peregrinos; si hemos enseñado al que no sabe, corregido al que yerra y dado buenos consejos al que los necesitaba; si hemos consolado al triste y hemos sufrido con paciencia los defectos de nuestros prójimos.

Señores, ante todo, y sobre todo, la caridad. Hay mucha gente que está completamente equivocada; son legión los que han falsificado el cristianismo. No sin alguna razón nos echan en cara por esos mundos de Dios a los católicos españoles que hemos falsificado el catolicismo, que lo hemos transformado en una serie de cofradías y capillitas, de procesiones y desfiles espectaculares, y nos hemos olvidado de la verdad, de la justicia y de la caridad. Esto es lo que habría que hacer, sin omitir aquello, como dice el Señor en el Evangelio. Todo aquello está muy bien. Benditas cofradías, benditas procesiones, benditos escapularios y medallas. Pero esto sólo, ¡no! Esto sólo, no es el catolicismo.

El catolicismo es, ante todo, y sobre todo, caridad, amor, compenetración íntima en Cristo de los de arriba y de los de abajo y de los del medio: “Ya no hay judío ni griego; ya no hay esclavo ni libre; ya no hay hombre ni mujer; todos sois uno en Cristo” (Gal 3, 28).

Este es el verdadero cristianismo. Ante todo, y sobre todo, caridad. Que hay muchos cristianos, señores, que pertenecen a todas las cofradías, que andan cargados de escapularios y de medallas y no tienen caridad. Y cometen con ello un gravísimo escándalo, porque hacen odiosa la religión a los fríos e indiferentes y esterilizan la sangre de Cristo sobre tantos y tantos desgraciados.

Señores: ante todo, y sobre todo, la caridad. La salvación del mundo, la salvación de esta sociedad pagana y alejada de Dios, no podrá venir de otra manera que por una auténtica y desbordada inundación de caridad por parte de todos los católicos del mundo. Mientras no practiquemos la caridad no seremos auténticamente cristianos, no podremos llevar al mundo el auténtico mensaje de Cristo. La caridad por encima de todo.”

(De “El Misterio del más allá” – P. Royo Marín)

 

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Rayos de Fé…

Rayos de Fe

Resurrección de Cristo. 

Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe, dice el Apóstol. Y hoy, por muchos, incluso dentro de la misma Iglesia Católica, es negada esta verdad de fe: que Cristo resucitó.

Tengamos cuidado porque el racionalismo es una peste que lo corrompe todo, y así se va metiendo en nosotros incluso sin que nos demos cuenta. Por eso el Señor ha dicho en su Evangelio que debemos hacernos como niños, que creen fácilmente en lo que le dicen sus mayores. Y si bien a veces los mayores mienten, incluso con buenas intenciones; debemos saber que Dios no miente, y que lo que nos ha dicho y transmitido en su Palabra, es verdadero, y por eso tenemos que fiarnos de Él.

El Señor ha resucitado realmente y en este misterio descansa toda nuestra fe católica. Porque la herencia del pecado era la muerte, corporal y espiritual, material y eterna. Pero cuando Cristo resucita, es señal de que la muerte ha sido vencida y que todos los hombres, al fin del mundo, resucitaremos; unos para eterna vida, y otros para la confusión eterna.

Nos suele pasar que decimos que creemos estas verdades de la Fe, pero a veces vivimos como si no las creyéramos. Porque, por ejemplo, si creyéramos firmemente que al fin del mundo habrá un Juicio Final en que TODO quedará descubierto a la faz del mundo, no viviríamos engañando y siendo hipócritas, ni obteniendo ganancias dudosas en los negocios y demás, porque estaríamos convencidos de que todo lo que hoy hacemos en secreto, un día quedará descubierto ante el universo entero.

Y cosas como éstas nos suceden siempre, que decimos creerlas, pero vivimos como dormidos, como soñando, y creyendo que “quizás a mí no me toque”, o también, “quizás no sea tan grave lo que hago, ni se descubra algún día”. ¡Cuidado!, porque estamos viviendo una fe teórica pero no práctica, y somos ateos prácticos, porque decimos que creemos, pero luego, en los hechos, negamos lo que creemos.

Pero a veces es porque somos un poco necios, y no pensamos las cosas. Hagamos como hacían los Santos, que noche y día pensaban que tendrían que dar cuenta hasta de la mínima acción, hasta de la menor palabra, ante Dios y el mundo todo, y entonces sí que obraremos bien.

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Diario vivir…

Diario vivir

En casa. 

Jesús, en su Evangelio, nos manda a vivir la caridad fraterna. Y si bien debemos vivir esta caridad con todos, debemos comenzar a vivirla en nuestro propio hogar.

Es lo que a veces más nos cuesta, porque fuera de nuestra casa somos amables y serviciales, pero en nuestro hogar estamos malhumorados y contestamos mal, tratando de mala manera a quienes conviven con nosotros. ¡Que esto no suceda nunca más a partir de hoy! Porque la caridad bien entendida empieza por casa. Y si en nuestra familia vivimos el amor, entonces desde allí lo difundiremos por todas partes.

Es lógico que el demonio trate de meter odio, discusiones y pleitos en nuestra familia. Es su función. Pero nosotros no le debemos dar lugar a que siembre la discordia en la familia, y tenemos que ser astutos y amar y perdonar hasta que duela, ya que eso es lo que le gusta a Jesús.

El diablo quiere destruir las familias, pues sabe que de una familia en ruinas, salen hijos cada vez más depravados y malos. Al demonio le interesa destruir las familias que viven cristianamente, pues de las demás le importa un bledo, pues ya ellas solas trabajan por su propia ruina.

Entonces no dejemos que el Maligno se aproveche de nuestro mal carácter, de nuestra terquedad y dificultad en perdonar, sino más bien seamos amables y bondadosos con nuestros seres queridos, y le taparemos la boca al demonio, que no podrá hacer mella en nuestro hogar.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Notivida…

“¿A quién buscáis?” Le preguntó Jesús a los soldados cuando fueron al huerto para llevarlo al suplicio.

“¿A quién buscas?” Le preguntó Jesús a Sta. María Magdalena cuando estaba frente al sepulcro vacío.

Los primeros buscaban a un hombre: “Jesús, el Nazareno”.  Ella buscaba a su Señor.

 

¿A quién buscamos cuando defendemos la dignidad de la persona humana?

Por el niño por nacer amenazado, por el anciano que ya no produce, por el discapacitado despreciado, por el enfermo incurable, por el que está socialmente marginado; por todos y cada uno de los que el mundo desecha, Jesucristo libró su última y suprema batalla: la de la Cruz.

 

Que todos los que defendemos y promovemos la vida humana y la familia busquemos, en nuestro empeño, sólo al Rey resucitado. No trabajamos para un simple hombre. Somos milicia del Verbo que se hizo carne y en trono de madera, con corona de espinas y cetro de caña, venció al mundo y al pecado.

 

¡Viva Cristo Rey!

Santas y Felices Pascuas de Resurrección. Notivida

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Pascuas de Resurrección…

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR Misa solemne.
Los cincuenta días que van desde este domingo de Resurrección hasta el de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un ‘gran domingo’, tal como lo proclama el himno israelita propio de estas fechas que los cristianos aplicamos al Misterio Pascual: “Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Salmo 117, 24).
Un rito propio de este día: El ‘encuentro’.
En casi todos los pueblos tiene lugar la ceremonia del ‘Encuentro’ de Jesús con su santísima Madre. Es un acto juvenil y alegre, en el que la liberación de la muerte se expresa soltando pajaritos y palomas; como dice el salmo 123: Nuestra vida ha escapado como un pájaro de la jaula del cazador…
 
En cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su Cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia: ¡Ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. Ahora entienden que Jesús es Dios. El desconsuelo que tenían, ayer, se transforma en una inmensa alegría. Y rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con la Virgen esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor.

Desde entonces, todos los cristianos podemos tratar al Señor, que está Vivo. Hoy estamos muy contentos y es momento de darle constantemente gracias a Dios.

Como Pedro y Juan, tú también tienes que preocuparte de que tus amigos sepan que Jesús ha resucitado, y le traten. Pídele esa preocupación.

 
¡JESUS, EN TI CONFIO!
                  Jesús, María, os  amo, salvad almas”     
 ¡San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!   
 ¡San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!   
¡San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!   
                           BENDICIONES   !!!   
 
Nada te turbe, nada te espante,  todo se pasa, 
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, 
quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta. “
 Santa Teresa.     
 
“Reza, ten Fe y no te preocupes”   Padre PIO.    
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Padre Ignacio…

En un multitudinario Vía Crucis (la policía calculó 250 mil personas), el padre Ignacio Peries pidió anoche que se cuiden más los valores morales y espirituales de la familia y que se eduque a la juventud antes que construir más cárceles por la inseguridad. “No nos matemos unos a otros”, sentenció en referencia a los linchamientos. Y al final fue contundente al expresar que no piensa irse de Rosario, ni si quiera cuando se jubile. La gente, que siguió atentamente las oraciones durante cuatro horas, estalló en aplausos.

Este año el sacerdote cumple 35 años en Argentina y en su tradicional camino de la cruz por las calles del barrio Rucci provocó devoción en los fieles. En este marco, habló de temas clave, como la inseguridad. Rezó para que las autoridades se den cuenta de que la solución está en la educación y en volver a los valores tradicionales de la familia. Pidió así un cambio moral al gobierno, a la Iglesia y al pueblo.

Antes de despedirse aseguró que no se va a ir de Rosario, donde se siente querido y cuidado. “Rosario conquistó mi corazón”, afirmó ante la enfervorizada multitud.

“El Vía Crucis de cada año tiene su historia, la edición anterior nos quedamos sin espacio”, manifestó Ignacio el miércoles en diálogo exclusivo con La Capital.

Tal como prometió el sacerdote, este año se reforzó notablemente la seguridad con la incorporación de Gendarmería y Prefectura. “Esta presencia da mucha tranquilidad, no sólo a ustedes, sino a mí”, confió el sacerdote.

Casi 500 agentes de distintas reparticiones participaron del operativo que demandó la ceremonia. También hicieron lo suyo unos 70 colaboradores que él calificó de “incondicionales”. Y agregó: “Ellos dan tranquilidad social y yo doy paz espiritual”.

Programado para comenzar a las 20.30, la ansiedad de la multitud fue tal que la peregrinación de las cruces arrancó más de media hora antes siguiendo a la primera cruz (fueron tres en total). A esa hora ya era una verdadera marea humana la que se sumó al recorrido histórico. Pese al frío, familias enteras, niños, ancianos y jóvenes, algunos de ellos con la mochila de la Jornada Mundial de la Juventud que presidió el Papa Francisco en Río de Janeiro el año pasado se sumaron a las largas columnas de la procesión.

El fervor se encendió cada vez que una cruz se acercaba y pasaba cerca de la gente. El sacerdote no se olvidó de quienes lo siguieron desde la distancia y habló en varios idiomas, como el inglés y el italiano.

La masividad generó un verdadero festival de puestos de venta ambulante: los rosarios se conseguían a 10 pesos y el banquito de madera para seguir la ceremonia se cotizaba a $70.

Unos minutos antes de comenzar la notable muestra de fe, Ignacio dio un mensaje a toda la sociedad, en momentos de aumento de la violencia y los índices delictivos: “No nos matemos unos a otros”, pidió, tras lo que reclamó a los fieles “diálogo y amor”.

Y ya sobre el final, en el palco antes de la bendición, agregó: “En lugar de construir más cárceles, hay que hacer más escuelas”.

Respecto a los linchamientos y al consumo de estupefacientes, instó a “abandonar la violencia, la droga y la justicia por mano propia. Y señaló: “Cuando no hay seguridad, la gente reacciona ante el miedo, sin pensar”.

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Sábado Santo…

SÁBADO SANTO Oficio de lecturas y Laudes
Jesús ha muerto. Todo el día de hoy, su Cuerpo reposa en el sepulcro, frío y sin vida. Ahora nos damos cuenta de lo que pesan nuestros pecados. Jesús ha muerto para redimirnos.

Estamos tristes. La Virgen María también está triste, pero contenta porque sabe que resucitará. Los Apóstoles van llegando a su lado, y Ella les consuela.

Pasa el día unido a la Virgen, y con Ella acompáñale a Jesús en el sepulcro. Haz el propósito de correr al regazo de la Virgen cuando te hayas separado de Él.

Durante este día, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor meditando su pasión y muerte, y aquel descenso al lugar de los muertos, en la que su alma se unió a las restantes almas de los justos del Antiguo Testamento y los redimió de su cautiverio. Con este abajamiento a lo más profundo de la muerte, el Señor inicia su victoria sobre la misma
 
En la Noche Santa, solemne Vigilia Pascual
El Misterio Pascual de Cristo crucificado, sepultado y resucitado, tiene en esta liturgia nocturna su celebración culminante. La vigilia comienza en el exterior del templo con la liturgia de la luz y se ilumina la iglesia como signo de la resurrección del Señor. La liturgia de la palabra proclama las maravillas de Dios en la historia de la salvación, desde la creación del mundo al Misterio Pascual de Jesucristo; luego viene la liturgia bautismal, con la renovación de las promesas que se hicieron en la iniciación cristiana (el bautismo), y luego la asamblea es invitada a la mesa que el Señor, por medio de su muerte y resurrección, ha preparado para su pueblo (cuarta parte de la vigilia, liturgia eucarística).
Unos ritos propios de este día: La Vigilia
Esta es una noche de vela en honor del Señor, como lo hizo el pueblo elegido desde el comienzo del Éxodo en Egipto. El Señor ‘pasó’ esa noche para liberar a los israelitas. Pascua significa ‘paso’. Es la misma noche que terminó con la aurora de la resurrección de Jesucristo. Los cristianos vamos de la noche al día, el Señor nos hace pasar de la muerte, a la vida que no termina.
Unos signos singulares: El fuego y el cirio pascual.
Nos reunimos en torno a una hoguera, como los israelitas en los campamentos cuando iban hacia la tierra prometida. En la Pascua todo es nuevo, el fuego, el agua del Bautismo, los panes sin levadura..
 
El cirio pascual es un símbolo de Jesucristo resucitado, que conserva las huellas de la pasión, como la cruz y las cinco marcas señaladas con granos de incienso que recuerdan las cinco heridas del crucificado. También se marcan en el cirio las letras griegas Alfa y Omega, que significan que Jesús es el Señor de esta Pascua y de todos los tiempos, del principio al fin. Como la columna de fuego que iba guiando a los israelitas en el desierto, así nos guía ahora Jesús y entra el primero en la iglesia, iluminándola con su luz
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