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Cargas…

¿Te pesan mucho tus cargas?

Salmo 55:22:

?Echa sobre el SEÑOR tu carga, y El te sustentará;

El nunca permitirá que el justo sea sacudido. .?

Una carga es un peso que llevamos a cuesta. Ya sea desde el punto de vista físico, emocional o espiritual. Todos nosotros en algún momento hemos experimentado una carga de cualquiera de estos tipos. A medida que vamos caminando por este mundo vamos adquiriendo cargas que, si no las descargamos en algún lugar, con el tiempo se van haciendo cada vez más pesadas. Estas cargas son, generalmente, el resultado emocional de situaciones que nos han causado algún pesar: Alguna herida en el corazón que no ha sanado del todo; circunstancias que chocan con nuestros principios y no las aceptamos. Luchamos contra ellas, pero persisten y nos hacen daño; resentimientos contra personas que nos han herido; el dolor de haber perdido un ser querido, una relación que se rompió, en fin una enorme variedad de situaciones que pueden dar como resultado esas cargas emocionales que tanto daño hacen.

¿Y qué dice la Biblia que debemos hacer con nuestras cargas El versículo inicial nos exhorta a echarlas sobre el Señor. En realidad es Dios quien hace el trabajo, no somos nosotros con nuestras propias fuerzas. ¡Esta es la gran diferencia!

Esto es lo que el Señor espera que hagamos. Que soltemos la carga. Que la echemos sobre él.

Dios promete librarnos de esa carga. Él elimina la causa, es decir la raíz del mal, no solamente los síntomas. Dios transforma nuestras circunstancias y hace todo nuevo.

¿Qué pasa cuando echamos nuestras cargas sobre Dios? Dice la Biblia que cuando tú echas tus cargas sobre el Señor, él te sustentará. La palabra “sustentar” quiere decir “mantener, sostener, alimentar”, es decir, proveer a uno del alimento necesario, prestar apoyo o auxilio. Eso es lo que el Señor puede y desea hacer con cada uno de nosotros. Proveernos del alimento que necesitamos (físico, emocional y espiritual). Suplir nuestras necesidades. Ayudarnos, prestarnos auxilio. Dios es nuestro refugio y fortaleza, socorro siempre a mano en momentos de angustia, dice el Salmo 46:1. Pero antes tenemos que echar sobre él nuestras cargas. Se requiere una acción de nuestra parte.

Jesús nos dice en Mateo 11:28: ?Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Quizás no sepamos de memoria este versículo, y probablemente en medio de alguna prueba lo hayamos puesto en práctica y hayamos ido al Señor con nuestras cargas. Sin embargo, muchas veces no recibimos ese alivio que Jesús nos promete. ¿Por qué? ¿Acaso Jesús nos ha fallado? NO. Simplemente es que no echamos la carga sobre él. Nos quedamos con ella. Vamos a él con nuestras cargas, pero al retirarnos las llevamos con nosotros. No las soltamos.

Nosotros muchas veces actuamos de esta manera con Dios. Vamos caminando en esta vida con nuestras cargas. Dios quiere ayudarnos, pero nosotros no soltamos la carga. Por eso continuamos cargados.

¿Y por qué no la soltamos? Porque no tenemos fe. Nos aferramos a lo que nosotros consideramos es la manera correcta de resolver el problema y queremos tener en control. No le damos el control al Señor. Es como si le estuviésemos pidiendo simplemente que nos dé ?una manito?, pero nosotros seguimos dirigiendo.

No es eso lo que Jesús espera de nosotros. Ya en Mateo 11:29-30, él continúa diciendo: ? Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.

Cuando llevamos el yugo de Jesús, es decir cuando nos unimos a él y nos dejamos dirigir por él, nos lleva hacia la victoria por el camino que él ya conoce. Nos consuela, nos fortalece, toma nuestras cargas y nos da un descanso que es más que un descanso puramente emocional, superficial y temporal; es un descanso profundo y eterno, un descanso espiritual. Jesús vivió 33 años en este mundo. Vino con una misión que solamente él podía llevar a cabo: la salvación de la humanidad. Fue perseguido, injuriado, humillado e injustamente acusado. Fue juzgado y condenado por una muchedumbre enfurecida que prefirió que dejaran en libertad a un ladrón asesino y lo crucificaran a él. Sin haber cometido un solo pecado, el Señor tuvo que cargar sobre sí, todos los pecados de la humanidad en la cruz del Calvario.

Era tan grande la carga, que pocas horas antes de esa terrible prueba, en el huerto de Getsemaní, en su condición humana, Jesús se sintió débil y a punto de desfallecer. Le invadía una tristeza tan grande que confesó a sus discípulos: ?Siento una tristeza de muerte.
Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos. (Mateo 26:38). ¿Qué hizo entonces Jesús? ¿Dónde buscó fortaleza? Jesús se postró en oración tres veces, y clamó al Padre sometiendo a él su voluntad. Allí echó su carga sobre Dios. ?Entonces se le apareció un ángel del cielo para animarlo?, dice Lucas 22:43. Cuando Jesús se puso de pie, ya estaba descansado, fortalecido y listo para enfrentarse a la terrible prueba y así se dirigió a la cruz a dar su vida por cada uno de nosotros.

El apóstol Pablo fue otro hombre que sufrió muchas pruebas duras en su vida. Estando preso en una cárcel romana, pasando mil incomodidades y esperando ser ejecutado en cualquier momento, Pablo escribió a los filipenses y les dijo: ? No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios.

Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús . (Filipenses 4:6-7).

Es decir, cuando nos dirigimos al Señor, oramos, y le clamamos, él toma nuestras cargas, nuestras preocupaciones, nuestros afanes, nuestras ansiedades, y las convierte en paz. Una paz que no entendemos aunque quizás las circunstancias no cambien inmediatamente, sin embargo la sentimos profundamente y la disfrutamos. Pero para lograr eso, es necesario echar las cargas sobre Dios.

¿Crees que el Señor puede darte descanso? ¿Crees que su yugo es fácil y su carga es ligera? Entonces confía plenamente en él, echa sobre él todas tus cargas, somete a él todas las áreas de tu vida, y disfruta del descanso que él te ofrece. Si sientes que no puedes soltar tus cargas en los brazos del Señor, pídele entonces a Él para que te ayude a lograrlo1 chica sexy atardecer.jpg

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