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Por nuestra cuenta…

Por nuestra cuenta.

Muchas veces fracasamos en la vida porque queremos actuar por nuestra cuenta, solos, sin pedir la ayuda de Dios ni dejar que sea el Señor y su Madre quienes nos vayan preparando todo.
Algo similar le sucedió a Pedro que, a pesar de que era experto pescador, trabajó toda la noche, siendo la noche el momento ideal para la pesca, pero no pescó nada. En cambio cuando se dejó guiar y ayudar por Jesús, hizo una maravillosa pesca.
Así también nos sucede muchas veces a nosotros que, por falta de confianza en Dios, queremos actuar por nuestra cuenta, creyendo que somos expertos en algunas situaciones y conocimientos, y le damos muy poca o ninguna participación a Dios, y así las cosas salen mal o no se cumplen nuestras expectativas.
Y esta manera de actuar nuestra tiene directa relación con el grado de confianza que tenemos en Dios, porque si nuestra confianza es pequeña o nula, entonces querremos hacer todo por nosotros solos, echando las cosas a perder. En cambio si nuestra confianza en Dios es mayor, dejaremos a Dios que obre en nuestras vidas y recogeremos abundantes frutos.
A veces nos aferramos a algunas cosas o personas y somos presas del demonio que nos atrapa fácilmente porque tenemos ese amor desordenado. Es lo que les sucede a los monos. Dicen que para atrapar a los simios, los cazadores hacen un hoyo en tierra y colocan allí dentro una banana. Luego estrechan la boca del pozo. Entonces cuando el mono mete la mano en el agujero y toma la banana, los cazadores aparecen y capturan al mono porque éste, aunque parezca mentira, no quiere soltar la banana, y ésta no puede pasar por la boca estrecha del agujero. Y así lastimosamente el simio cae en la trampa por un amor desordenado.
¡Cuántas veces a nosotros nos sucede lo mismo con otras cosas o personas!
Estemos atentos a la voluntad de Dios, a soltar lo que nos hace mal, a seguir el soplo del Espíritu Santo que nos lleve adonde quiera, a pedir ayuda a Dios y dejarnos ayudar por Él, porque solos no podemos llegar muy lejos en la vida espiritual, ni sentimental, ni material.

Charleston

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