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La tentación

La tentación

 

La tentación no es pecado. Es pecado ceder a ella.

La tentación viene de alguno de los tres enemigos que tiene el cristiano, que son: el mundo, el demonio y la carne.

El mundo con sus modas indecentes y con todo el ambiente de corrupción y de pecado, quiere llevarnos a cometer el pecado.

El demonio, el primer pecador, quiere que pequemos para alejarnos de Dios y llevarnos con él a su Infierno para atormentarnos allí por los siglos de los siglos, en venganza contra Dios.

Y la carne son nuestras malas inclinaciones y pasiones que no se quieren someter a la razón, y con sus deseos nos llevan a pecar.

Tenemos que resistir la tentación, venga de donde venga, ya sea de uno de estos enemigos o de varios a la vez.

Dios permite la tentación para que, combatiéndola, ganemos méritos para el Cielo y aprendamos a pelear, ya que nadie es buen soldado hasta que no entra en combate contra el enemigo, y la tentación nos da la oportunidad de ejercitarnos en la lucha.

Dios da su ayuda para vencer la tentación, pero es necesario que le pidamos esa ayuda a través de la oración.

Nadie es tentado más allá de sus fuerzas, porque Dios no lo permitiría. Así que no podemos culpar a Dios de nuestras caídas, ni al demonio, ni al mundo ni a la carne, sino que en definitiva es nuestra responsabilidad, porque si la tentación es de 10, Dios da 10 e incluso más para resistirla.

Muchas veces queremos ceder a la tentación, porque nos gusta hacer aquello que sabemos que está mal.

La tentación, al ser rechazada por nosotros, nos da una alegría espiritual. Y si en cambio caemos en pecado, eso nos produce tristeza.

Mientras vivimos en este cuerpo mortal, los hombres somos tentados. Y en el momento de la muerte la tentación suele hacerse más violenta, pues el demonio se juega todo en la última oportunidad que se le concede para perdernos.

No debemos buscar las tentaciones, porque el solo hecho de ponernos en peligro de pecado grave, ya es pecado, porque como dice la Escritura: Quien ama el peligro, perecerá en él.

Jesús también fue tentado y con su ejemplo nos enseñó cómo se debe comportar uno frente a la tentación.

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