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Dios no hace el mal…

Matar el error, amar al que yerra

Dios no hace el mal. 

Si bien en la Sagrada Escritura y en los escritos de los Santos se suele decir que de Dios vienen los bienes y los males, en realidad ésta es una manera de decir, porque Dios no puede hacer el mal, porque no puede quererlo, ya que el mal es una imperfección, y Dios es perfectísimo.

Debemos tener cuidado cuando nos sobreviene una desgracia o calamidad, porque podemos culpar a Dios de ello. Y si bien muchas personas tienen fe y aceptan estos acontecimientos como venidos de Dios, otras muchas personas se pueden alejar para siempre de Dios, y considerarlo como un ser cruel.

¡No! ¡El mal no viene de Dios, sino de una fuente muy distinta! El mal viene de Satanás y de todos sus demonios. Satanás mismo es el Mal, y de él vienen todos los males.

Ahora bien, ¿por qué Dios permite el mal? Es un misterio. Pero lo que podemos atisbar es que si Dios, con su omnipotencia, no supiera sacar bienes incluso de los males, no permitiría el mal. Pero así como Dios, sabiendo que el hombre pecaría, igualmente lo creó. Y sabiendo antes incluso de la creación del hombre, que los ángeles, en una tercera parte, pecarían, igualmente los creó; así también permite los males porque al final hará desembocar todo en su gloria, en la Gloria de Dios, que en definitiva toda criatura deberá glorificar a Dios.

Entonces cuando suframos algo o veamos a alguien que sufre, no creamos que es Dios el autor de ese sufrimiento, sino que es el demonio y el pecado y los hombres malvados. Dios quizás lo ha permitido, ya sea como “castigo”, o como providencia para que esa persona tenga el medio de pagar en este mundo lo que debe a la Justicia de Dios, y así, después de su muerte, vuele enseguida a los brazos del Padre eterno, teniendo un corto o nulo Purgatorio.

Lo que nos toca a nosotros es no juzgar el actuar de Dios, lo que permite o no permite, sino adherirnos a su voluntad, ya sea su Voluntad positiva, o su Voluntad permisiva, y rezar mucho para que Dios no permita ciertas pruebas en nosotros, en nuestras familias y en el mundo. He aquí entonces la grandísima importancia de la oración. Como decimos a veces cotidianamente: “¡Dios no lo permita!”, así tenemos que rezar para que Dios no permita que el Mal nos haga mal. Pero si lo permitió, entonces sepamos que de ello el Señor sabrá sacar bienes para nosotros y para el mundo.

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