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Mensaje espiritual…

Mensaje espiritual 

Dios es bueno. 

Nunca meditaremos lo suficiente en esta verdad de que Dios es bueno. Porque a veces, incluso en la Sagrada Escritura, vemos como un rostro desfigurado de Dios, como alguien que castiga. Y no pocas veces podemos atribuir a Dios todas nuestras desgracias y las desgracias de quienes amamos. Pero hay que saber que el mal, de cualquier naturaleza que sea, nunca, jamás puede venir de Dios, porque el mal es una imperfección, y de Dios no sale nada imperfecto ni hay nada que sea imperfecto.

Entonces ¿de dónde sale tanto mal que hay en el mundo y en nuestras vidas? La fuente de todo mal es Satanás y sus demonios. Es el pecado y todas sus consecuencias. Porque por el pecado vienen todas las desgracias y adversidades.

Entonces cuando veamos que alguien sufre, pensemos que sufre por causa del pecado, suyo o de otros, y por obra de los demonios, y acertaremos.

El mismo diluvio universal no fue enviado por Dios, sino causado por el demonio y los pecados de los hombres. Porque Dios no puede hacer positivamente el mal, sino que Él a veces lo permite como castigo misericordioso para que entremos en razón y, al menos en medio del sufrimiento, levantemos los ojos al Cielo y pidamos misericordia.

Dios es bueno, y por eso Jesús en el Evangelio nos dice que nadie conoce al Hijo sino el Padre, y que nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar. Pues bien, el Señor nos está revelando que el Padre es bueno, que no nos hace el mal, sino que todos los males del mundo vienen de otra fuente muy distinta.

Entonces, ¡qué grande debe ser nuestra confianza y amor al Padre eterno, sabiendo que Él quiere y busca sólo nuestro bien!

Pero tenemos que rezar mucho, para no ser vencidos por la prueba, y para que Dios no permita ciertas cosas y desgracias que nos dejarían abatidos. Por ello es que la oración es tan  importante, porque Dios quiere ayudarnos, pero ha condicionado mucho su ayuda a que nosotros se la pidamos. Si no le rogamos a Dios, entonces el mal y el Maligno nos estropearán los mejores planes, y al final terminaremos en un rotundo fracaso: el infierno eterno.

 

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