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Misal…

† Misal

 

2o. Dom de Pascua Ciclo A

Antífona de Entrada

Abran su corazón con alegría, den gracias a Dios que los ha llamado al Reino de los cielos. Aleluya.

 

Se dice “Gloria”.

Oración Colecta

Oremos:
Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales; aumenta en nosotros tu gracia, para que comprendamos a fondo la 
inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha dado vida nueva y de la Sangre que nos ha redimido.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

 

Primera Lectura

Los creyentes vivían unidos y todo lo tenían en común

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 42-47

En los primeros días de la Iglesia, los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Toda la gente estaba impresionada por los muchos milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén. 
Los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían bienes y propiedades y lo repartían entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos alabando a Dios con alegría y sencillez de corazón; toda la gente los estimaba y el Señor aumentaba cada día el número de creyentes que aceptaban la salvación. 
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del Salmo 117

La misericordia del Señor es eterna.

Diga la casa de Israel: Su misericordia es eterna. Diga la casa de Aarón: Su misericordia es eterna. Digan los fieles del Señor: Su misericordia es eterna.
La misericordia del Señor es eterna.

Empujaban para derribarme, pero Dios me ayudó. El Señor es mi fuerza y mi alegría, en el Señor está mi salvación. 
La misericordia del Señor es eterna.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. 
La misericordia del Señor es eterna.

Segunda Lectura

La resurrección de Cristo nos da la esperanza de una vida nueva

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la 
resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse, que nos está reservada como herencia en el cielo. La fuerza de Dios los custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
Por esta razón, alégrense, aunque ahora tengan que sufrir un poco, en pruebas diversas; a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, cuando se manifieste Cristo, nuestro Señor, que por la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro acrisola por el fuego.
A Cristo Jesús no lo han visto, y lo aman; no lo ven, y creen en él; se llenan de una alegría 
radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído, dice el Señor. Paz a ustedes. Dichosos los que creen sin haber visto. 
Aleluya.

Evangelio

Ocho días después se les apareció Jesús

† Lectura del Santo Evangelio según san Juan 20, 19-31

Gloria a ti, Señor.

Al anochecer del día de la resurrección, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: 
“La paz esté con ustedes”. 
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
“La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.
Y dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: 
“Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, apodado el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: 
“Hemos visto al Señor”. 
Pero él les contestó: 
“Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás con ellos. Jesús se puso de nuevo en medio y les dijo: 
“La paz esté con ustedes”. 
Luego dijo a Tomás: 
“Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae tu mano y métela en mi costado; y no sigas dudando, sino cree”. 
Tomás respondió: 
“¡Señor mío y Dios mío!” 
Jesús añadió: 
“Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre. 
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Se dice “Credo”.

Oración de los Fieles

Celebrante:
Invoquemos, amados hermanos, a Cristo, triunfador del pecado y de la muerte, que siempre intercede por nosotros:
Respondemos a cada petición: Te rogamos Señor, óyenos.

Para que Cristo, el Señor, atraiga hacia sí el corazón de los fieles y fortalezca sus voluntades, de manera que busquen los bienes de allá arriba, donde él está sentado a la derecha de Dios, roguemos al Señor.
Te rogamos Señor, óyenos.

Para que Cristo, amo supremo de la creación, haga que todos los pueblos gocen abundantemente de la paz que en sus apariciones otorgó a los discípulos, roguemos al Señor. 
Te rogamos Señor, óyenos.

Para que Cristo, el destructor de la muerte y el médico de toda enfermedad, se compadezca de los débiles y desdichados y aleje del mundo el hambre, las guerras y todos los males, roguemos al Señor. 
Te rogamos Señor, óyenos.

Para que Cristo, el Señor, salve y bendiga nuestra parroquia (comunidad), y conceda la paz, la alegría y el descanso en las fatigas a los que hoy nos hemos reunido aquí para celebrar su triunfo, roguemos al Señor. 
Te rogamos Señor, óyenos.

Celebrante:
Dios nuestro, que en este día, memorial de la Pascua, has reunido a tu Iglesia que peregrina por el mundo, escucha nuestra oración y abre nuestros corazones para que entendamos las Escrituras y reconozcamos a tu Hijo al partir el pan. El, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.

 

Oración sobre las Ofrendas

Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos; Tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

 

Prefacio

La nueva vida en Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso, 
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Antífona de la Comunión

Trae tu mano y toca la señal de los clavos; y no seas incrédulo sino creyente. Aleluya.

 

Oración después de la Comunión

Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia recibida en este sacramento nos impulse a servirte mejor. 
Por Jesucristo, nuestro Señor. 
Amén

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