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Las misas…

Las misas…

 

¿Que enseñan San Agustín y San Gregorio?

 

A la hora de tu muerte, tu mayor consuelo serán

las Misas que durante tu vida oíste.

 

Cada Misa que oíste te acompañará en el tribunal divino

y abogará para que alcances perdón.

 

Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal

que debes por tus pecados, en proporción con el fervor con

que la oigas.

 

Con la asistencia devota a la Santa Misa, rindes el mayor

homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor.

 

La Santa Misa bien oída suple tus muchas negligencias y

omisiones.

 

Por la Santa Misa bien oída se te perdonan todos los pecados

veniales que estás resuelto a evitar, y muchos otros de que ni

siquiera te acuerdas.

 

Por ella pierde también el demonio dominio sobre ti.

 

Ofreces el mayor consuelo a las benditas ánimas del Purgatorio

 

Consigues bendiciones en tus negocios y asuntos temporales.

 

Una Misa oída mientras vivas te aprovechará mucho más que

muchas que ofrezcan por ti después de la muerte.

 

Te libras de muchos peligros y desgracias en los cuales quizás

caerías sino fuera por la Santa Misa.

 

Acuérdate también de que con ella acortas tu Purgatorio.

 

Con cada Misa aumentarás tus grados de gloria en el Cielo.

En ella recibes la bendición del sacerdote, que Dios ratifica

en el cielo.

 

Durante la Misa te arrodillas en medio de una multitud de

ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con

suma reverencia.

 

Cuando oímos misa en honor de algún Santo en particular,

dando a Dios gracias por los favores concedidos a ese Santo,

no podemos menos de granjearnos su protección y especial

amor, por el honor, gozo y felicidad que de nuestra buena obra

se le sigue.

 

Todos los días que oigamos Misa, estaría bien que además de

las otras intenciones, tuviéramos la de honrar al Santo del día.

 

La Misa es el don más grande que se puede ofrecer al Señor

por las almas, para sacarlas del purgatorio, librarlas de sus

penas y llevarlas a gozar de la gloria. – San Bernardo de Sena.

 

El que oye Misa, hace oración, da limosna o reza por las almas

del Purgatorio, trabaja en su propio provecho. – San Agustín.

 

Por cada Misa celebrada u oídas con devoción, muchas almas

salen del Purgatorio, y a las que allí quedan se les acortan

las penas que padecen. – San Gregorio el Grande, Papa.

 

Durante la celebración de la Misa, se suspenden las penas de

las almas por quienes ruega y obra el sacerdote, y especialmente

de aquellas por las que ofrece la Misa. –San Gregorio el Grande

 

Se suplica que apliquen todas las indulgencias en sufragio de

las Almas del Purgatorio, pues Dios nuestro Señor, y ellas

recompensarán esta caridad.

 

La Santa Misa es la renovación del Sacrificio del Calvario, el

mayor acto de adoración a la Santísima Trinidad. Por eso es

obligación oírla todos los domingos y fiestas de guardar.

 

 

¡ Ave María puríssima !

Gracias por tu apoyo. Recemos unos por otros.

Unidos en el Corazón de la Sagrada Familia.

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