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Rezar…

Mensaje sobre la oración 

A Dios orando… 

Eso es verdad, porque después del pecado de nuestro primer padre Adán que nos dejó tan débiles y sujetos a tantas enfermedades, ¿habrá uno solo que se atreva a pensar que podemos resistir los ataques de los enemigos de nuestra alma y guardar los divinos mandamientos, si no tuviéramos en nuestra mano la oración, con la cual pedimos al Señor la luz y la fuerza para observarlos? Blasfemó Lutero, cuando dijo que después del pecado de Adán nos es del todo imposible la observancia de la divina ley. Jansenio se atrevió a sostener también que en el estado actual de nuestra naturaleza ni los justos pueden guardar algunos mandamientos. Si esto sólo hubiera dicho, pudiéramos dar sentido católico a su afirmación, pero justamente le condenó la Iglesia, porque siguió diciendo que ni tenían la gracia divina para hacer posible su observancia.  

“El gran medio de la oración” – San Alfonso María de Ligorio. 

Comentario: 

El dicho popular dice: “A Dios orando, y con el mazo dando”, y con ello nos quiere decir que debemos actuar, pero primero tenemos que rezar, porque con nuestras solas fuerzas no podemos decir ni siquiera: “Jesucristo es el Señor”.

Entonces Dios quiere que hagamos todo lo que esté de nuestra parte como si el buen éxito de las cosas dependiera sólo de nosotros; pero Dios también quiere que recemos muchísimo, porque en definitiva todo está en manos de Dios.

Las cosas bien preparadas salen bien, y si rezamos perseverantemente todos los días, al final obtendremos los favores que pedimos, o al menos el Señor nos dará gracias y dones más necesarios que los que pedimos nosotros, pues a veces pedimos lo que no conviene, o al no conocer el futuro y lo que vendrá después, quizás algo que es bueno y que nos parece justo pedir, sería desastroso si el Señor nos lo concediera, por lo que vendrá luego.

Esto nos debe hacer tener una ilimitada confianza en Dios, porque el corazón de la oración es la confianza en Dios, es creer firmemente que Dios nos ama, que quiere nuestro bien, más incluso que nosotros mismos, y que está con su oído atento a las súplicas que le dirigimos.

Hay que vigilar y orar, es decir, ser prudentes y pedir ayuda al Señor por medio de la oración, entonces sí que vamos por buen camino y cumpliremos los Diez Mandamientos y todas las enseñanzas del Evangelio.

Si rezamos, todo se puede cambiar todavía. Pero si no rezamos, entonces antes o después seremos presa del enemigo y del infortunio en el tiempo y en la eternidad.

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